En el discurso de poder se cambian supuestos principios por fuerza. Pero dejar desnudo el conflicto de intereses tanto en el plano global como en el social significa también abrir la puerta a la afirmación y reconocimiento de las contradicciones imperialistas y de clase. Bien mirado puede ser el paso a una época en la que se constituya el antagonista sistémico. Pero para eso hace falta crear tejido desde abajo al mejor estilo de un Bebel o un Wilhem Liebknecht.