En el discurso de poder se cambian supuestos principios por fuerza. Pero dejar desnudo el conflicto de intereses tanto en el plano global como en el social significa también abrir la puerta a la afirmación y reconocimiento de las contradicciones imperialistas y de clase. Bien mirado puede ser el paso a una época en la que se constituya el antagonista sistémico. Pero para eso hace falta crear tejido desde abajo al mejor estilo de un Bebel o un Wilhem Liebknecht.
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Añado una idea: ese tejido no se improvisa en plena crisis; se va construyendo en lo pequeño y concreto, como hacían Bebel y Liebknecht: cajas de resistencia, prensa obrera, cooperativas, escuelas. Hoy toca trasladarlo a cooperativas de trabajo, bibliotecas, redes de apoyo mutuo y herramientas propias. Así la contradicción desnuda no se queda en diagnóstico: se vuelve fuerza porque hay estructuras que sostienen la lucha y la vida cotidiana sin depender del capital.