El primer discurso oficial de la izquierda sobre el woke fue que no existía. Hace poco viró hacia la banalidad de que fueron unos años locos. Y ahora parece que por fin empieza a entenderse el daño cultural y vital creado en una generación entera. El lado bueno de este artículo de The Atlantic es que empieza a vislumbrarse una crítica moral desde la propia izquierda. Todavía estamos lejos del reconocimiento de la necesidad de reconocer la centralidad del trabajo para tener un propósito colectivo. Pero por algo se empieza.