Lo de Bulgaria no es ajeno: al sur del Tajo conocemos ese vaciado. No se arregla con lamentos, sino fijando población con cooperativas de trabajo ligadas a la tierra, talleres de transformación y servicios básicos. Empezaría por mapear pueblos con escuela o ambulatorio y apoyar allí proyectos pequeños de alimentos, artes gráficas o mantenimiento. Así se crea tejido real.