@selbor
¡Y que yo pesaba sesenta y dos kilos!
@selbor
¡Y que tenía que descargar varios palets al día!
@selbor
¡Y que no tenía a quien contárselo!
Jajajaja, cuenta cuenta, que aquí estamos para leer. Buenas espaldas tenías que gastar y algo quedará.
@selbor
Era el nuevo.
Era en los hornos altos de Avilés.
Comía como una lima.
No tenía ni un gramo de grasa.
Tenía “tableta de chocolate”.
Me daba vergüenza tenerla.
Creía que estaba muy delgado.
Ahora estoy gordo. :awesome:
No tengo abdominales marcados desde los 7 años, tampoco me preocupa.
@selbor
Yo tampoco los tenía antes, pero el trabajo era muy, muy, muy duro.
De aquella, lo de la tableta de chocolate, ni se conocía el término, a no ser en los gimnasios, pero yo no los frecuentaba.
Por eso digo que me daba vergüenza, de hecho, procuraba que no se viera. Pensaba que era por lo delgado que estaba, pero no, era por lo cachas que estaba.
Esto lo descubrí muchos años después, cuando se puso de moda el término.
@R_Daneel_Olivaw no ibas desencaminado, que los abdominales se marquen es más por poco porcentaje de grasa que por cachas.
@selbor
Lo de la poca grasa estaba claro y eso que comía como una lima. La gente se asombraba de las cantidades de comida que era capaz de ingerir de una tacada y además, con frecuencia, y lo delgado que estaba. Pero es que el curro era físicamente muy exigente, además las condiciones en la nave de colada eran de mucho, mucho calor.
Estábamos sudando continuamente.
La película El Cazador (en inglés The Deer Hunter) de Michael Cimino, protagonizada por Robert de Niro y Christofer Walken, empieza con los colegas que van a ir a Vietnam, trabajando en la nave de colada de un horno alto. Están haciendo uno de los trabajos que nosotros hacíamos, sólo que ellos llevan unas capas que les llegan prácticamente a los pies y nosotros eso lo hacíamos con unos sencillos pantalones y camisas (algunos en vez de camisas llevábamos camisetas de manga corta) de mahon y sólo el primero de horno se ponía una chupa de amianto (de amianto, amianto) por encima de los hombros para pinchar la piquera.
Te lo repito, el trabajo era muy duro, las condiciones extremadamente penosas y el peligro nos rodeaba por todos los lados.
Ninguno de los que trabajábamos allí estábamos gordos y todos comíamos como mulas y bebíamos más que cosacos.