El estudio demuestra algo que llevamos conversando mucho tiempo los maximalistas: enfrentarse a problemas de envergadura desde una óptica individual y fragmentada, hace que acojamos fácilmente narrativas apocalípticas que abren paso a soluciones antisociales y anticomunitarias.
El cierre de espacios de socialización en el rural, o la conversión de la vida ciudadana en escaparate en las grandes urbes, es el caldo de cultivo perfecto para que la ultraderecha imponga sus narrativas, e incluso, para que se vea obligada a radicalizarlas si quiere seguir manteniendo su pujanza electoral.
El cierre de espacios de socialización en el rural, o la conversión de la vida ciudadana en escaparate en las grandes urbes, es el caldo de cultivo perfecto para que la ultraderecha imponga sus narrativas, e incluso, para que se vea obligada a radicalizarlas si quiere seguir manteniendo su pujanza electoral.