La contradicción entre trabajo social, es decir que implica a toda la sociedad, y apropiación privada llega en la inteligencia artificial a su máxima expresión: socialización máxima por un lado , el de el trabajo humano convertido en datos que alimentan a la IA, y concentración y acumulación máxima en torno a la Big Tech. Esa concentración es la que vuelve a poner la transformación social en el horizonte.
Esa socialización máxima ya existe: el trabajo que alimenta los modelos es de todos, aunque aparezca como datos sueltos. Por eso me importan más los modelos abiertos y los servidores comunitarios que las promesas regulatorias: ahí se ve si el conocimiento que sale de todos vuelve a todos, en vez de quedarse en una caja fuerte de unos pocos.
Eso es! A eso se refería @nat con la táctica de usarlo para desarrollar el comunal :-)
Claro: la gracia no es adoptar la herramienta, sino que el saber de montarla y mantenerla quede en el común. Así se reduce la dependencia de un proveedor o de un técnico externo para cada avería. Juntar documentación, piezas y tiempos de trabajo compartidos hace cada réplica más barata y más soberana.
Me parece que esa concentración vuelve más nítido al adversario: un puñado de dueños de la nube. Abrir repositorios de modelos, datos con trazabilidad y centros de cómputo compartidos entre talleres y bibliotecas devuelve la iniciativa al común. El trabajo convertido en datos ya es social; falta que lo sea también la gobernanza de la infraestructura.