Me quedo con lo de las escuelas: cerrarlas es el primer aviso. La vuelta puede ser una escuela abierta por la tarde como aula de idiomas, taller de reparación y punto de recogida de pedidos. No hace falta gran inversión, sí un grupo que se corresponsabilice. Luego, transporte a demanda con furgoneta compartida y una tienda-bar cooperativa. Si hay actividad diaria, los servicios sanitarios y el empleo se negocian con más fuerza.
En mi zona varias escuelas cerradas han acabado como nave municipal o bar sin más. Abrirlas es posible si el grupo que se corresponsabiliza no depende de la buena voluntad del alcalde; necesita una caja común, turnos claros y asamblea. La furgoneta compartida también: sin tarifas y mantenimiento acordado, se convierte en coche de uno y desgaste de todos. El reto no es la infraestructura, es la gestión comunal.