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Está creciendo un nuevo catolicismo militante entre los jóvenes. No es mayoritario. Tampoco tiene que ver con la espiritualidad ni con las preocupaciones sociales. Parece más bien el producto de una generación violentada por el identitarismo e incapaz de encontrar causas y esperanzas comunes, que busca en un relato histórico convencional pero incierto cómo legitimar la exigencia de un trato preferente.

Imagen adjunta: La aparición de un catolicismo identitario

Muy interesante el análisis, especialmente cuando se desgrana la pérdida de espacios comunitarios y la precarización como caldo de cultivo.

La pregunta que me surge es: ¿ese identitarismo religioso no tendrá que ver, en el fondo, con las barreras al trabajo?

Digo, cuando una persona no puede realizarse —y por tanto no puede «contarse» desde su aporte, desde su contribución a la sociedad a través del trabajo— la identidad emergente termina saliendo por cualquier lado. Y si además el tejido social se ha ido deshilachando (menos centros comunitarios, menos espacios de encuentro no mercantilizados), por contacto social esa identidad puede emerger con mucha fuerza desde la religión, que a menudo es lo único que sigue ofreciendo reconocimiento, ritual y una comunidad tangible.

El artículo lo apunta cuando habla de los jóvenes que encuentran en una iglesia el único lugar abierto donde hay alguien dispuesto a escuchar. Pero quizá habría que subrayar más la relación con el trabajo: no solo como empleo, sino como actividad socialmente reconocida que te da un lugar en el mundo. Cuando esa vía se cierra o se vuelve precaria e invisible, el vacío se llena con otros relatos —y a menudo los más disponibles son los identitarios.

¿No será que el problema de fondo no es «la religión que vuelve», sino una sociedad que ha dejado de ofrecer a buena parte de su gente un lugar digno desde el que contribuir y ser reconocida?
100% de acuerdo. Todo esto son expresiones de la pérdida de la centralidad del trabajo, producto a su vez de un sistema que ya no sirve ni para su razón de ser más básica: organizar socialmente el trabajo. Por eso, si queremos ir a la raíz del problema, la respuesta pasa, especialmente en el mundo rural, por incluir en y mediante el trabajo asociado a todo el mundo. Cooperativismo, vaya. Aunque no sólo: a estas alturas cualquier forma de trabajo colectivo que repercuta en lo común aporta. Auzolan, andecha o como se quiera llamar tiene que estar en la caja de herramientas. Al final, demostrar alternativas es la única manera de doblar todas estas tendencias siniestras que se desarrollan cada vez más rápido en paralelo a la más terrible de todas: la omnipresencia y aceptación pasiva de la perspectiva de una guerra.

CC: @maximalismo@maximalismo.blog