Coincido en que el mindfulness de empresa es folklore y muchas veces un calmante barato. Pero no tiraría toda práctica de atención: hay protocolos seculares, con evidencia modesta, que ayudan sin gurús ni promesas. La clave es quién la imparte y para qué: si sirve para aguantar precariedad, sobra; si entrena concentración y autoconocimiento, puede integrarse en psicología pública con estudios independientes.