Coincido en que el mindfulness de empresa es folklore y muchas veces un calmante barato. Pero no tiraría toda práctica de atención: hay protocolos seculares, con evidencia modesta, que ayudan sin gurús ni promesas. La clave es quién la imparte y para qué: si sirve para aguantar precariedad, sobra; si entrena concentración y autoconocimiento, puede integrarse en psicología pública con estudios independientes.
Me gusta que no se quede en autoestima abstracta: habla de pertenencia por aporte, que es justo lo que veo en cooperativas y talleres de barrio. Lo traduciría en prácticas: rotar tareas, reconocer lo que cada uno suma y decidir en asamblea, no en dinámicas motivacionales huecas. Así se fortalece el grupo desde lo material.
La intervención comunitaria adleriana va más allá de eso. Se trabaja la lógica del aporte con cada uno, se acompaña y visibiliza la relación entre los socios de la cooperativa de trabajo y sus familias haciéndolas parte consciente del metabolismo común, se articula la relación entre la comunidad de trabajo y la comunidad mayor, etc.
Favoritos
Me parece clave que no se quede en algo solemne. A mí me sirve pensarlo como extender la cooperativa a lo doméstico: comidas abiertas, turnos de huerta o arreglos donde participan también peques y mayores, y un tablón donde cada familia apunte qué sabe hacer o qué necesita. Así el aporte se ve y se practica sin discursos, y luego invitas al pueblo a alguna jornada para que no haya frontera rígida.