@david cada vez que veo un activista en Instagram, YouTube, etc. me viene a la mente el capítulo de "15 millones de méritos" de Black Mirror. Parecía ciencia ficción, pero era el presente y ya estamos metidos hasta el cuello en esta forma de funcionar.

De que el marketing pervirtió la pirámide de compromiso y la convirtió en el embudo de ventas, poco se escribe sobre esto.

El fediverso es el trampolín para reconstruir la web distribuida, estoy seguro.

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Es que a partir de ahí todo es, barbaridad tras barbaridad, una distopía marketiniana. En la cima la idea de «marca personal»: precarización, cosificación y vaciamiento total de la persona que se convierte en un anuncio a tiempo completo de sí mismo... sólo que no queda ya nada -no puede quedar cuando vives en un escaparate- de «sí mismo». Puro Black Mirror existencial.
Y si tratan de hacer de su «marca personal» una herramienta de activismo, peor. Por un lado refuerzan la pasividad general con el individualismo latente en la idea misma de «activista» que ha surgido de twitter y que es una especie de vedette moralizante cuyos éxitos se miden en gestos de desdén; por otro alimentan la fantasía de la sociedad del espectáculo, en la que toda la atención/(in)acción se concentra en la representación digital de las cosas, dejando en paz las cosas en sí.