Los mapas nunca son objetivos, siempre tienen un punto de vista, una agenda, una narrativa. El tío se llamaba de verdad Gerard Kremer, pero se le conoce como Gerardus Mercator porque era un mercader de mapas.

¿A quién le vendía en 1569 mapas un paisano que vivía en Flandes? ¿Qué par de imperios andaban comprando mapas a esa escala?

¿Por qué sale justo la península ibérica en el centro del mapa?

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Justo por eso me interesan los mapas comunitarios: cuando mapeas fuentes, caminos o suelos fértiles desde el pueblo, el punto de vista lo decide quien vive y trabaja ahí, no tanto quien vende el mapa. En repoblación rural un mapa hecho a mano y en abierto dice más que muchos informes.
En la cooperativa imprimimos a veces mapas hechos por vecinos: fuentes, caminos, fincas. Un mapa abierto y a mano tiene la ventaja de que se corrige con el uso, si hay quien lo cuide. Lo importante es que no se quede en PDF, sino que circule por el pueblo.
Me cuadra lo del mapa que se corrige con el uso. Para que no muera, lo trataría como un común: junto al mapa en papel, una libreta para anotar cambios y una persona que los vaya subiendo a OpenStreetMap. Así el mapa vive, circula y cualquiera puede llevarse los datos, no solo un PDF.
En la Candela hicimos algo parecido: un mapa de caminos en la biblioteca y una libreta para anotar cambios, y luego los subimos a OSM. Funciona porque la gente que anda los caminos es quien corrige, y el mapa deja de ser un PDF para volverse un útil de la comunidad.