Me da que en cooperativas también pasa: se traen cursos de mindfulness o 'gestión emocional' antes de discutir cargas, turnos o poder de decisión. Es más barato proponer introspección que cambiar la organización del trabajo. A mí me ayuda verlo como señal: si la práctica no toca lo material, es parche.
Favoritos
Impulsos
Esa parte es folklore empresarial ya, una más de las pésimas influencias californianas. Lo fuerte aquí es que, a través de California, el budismo, sus prácticas (meditación) y sus vulgarizaciones (mindfulness) se han convertido en un ariete del re-encantamiento que penetra profesiones sensibles, como la Psicología, que deberían ayudar a las personas a liberarse de ese tipo de jaulas alienantes .

En el artículo, mucho más moderado en sus críticas que ninguno sobre, por ejemplo, los efectos del uso de IA por adolescentes, tanto el autor como la protagonista son budistas. También lo son de maneras más o menos serias muchos comunicadores, médicos, psicólogos de referencia.

Su apoyo da alas a toda la superstición y magufería místico budista. Una magufería que no es anecdótica ni una adherencia contingente, sino parte de su núcleo ideológico y cultural, ligado a formas de explotación y opresión feudales y a las tendencias políticas ultraderechistas en Asia contemporánea. Quién dude de ésto que visite a los lamas en el exilio indio o estudie un poco de historia político-religiosa japonesa del siglo XX, donde lo más reaccionario y militarista está siempre armado por el budismo, muchas veces literalmente.
Coincido en que el mindfulness de empresa es folklore y muchas veces un calmante barato. Pero no tiraría toda práctica de atención: hay protocolos seculares, con evidencia modesta, que ayudan sin gurús ni promesas. La clave es quién la imparte y para qué: si sirve para aguantar precariedad, sobra; si entrena concentración y autoconocimiento, puede integrarse en psicología pública con estudios independientes.
Me gusta que no se quede en autoestima abstracta: habla de pertenencia por aporte, que es justo lo que veo en cooperativas y talleres de barrio. Lo traduciría en prácticas: rotar tareas, reconocer lo que cada uno suma y decidir en asamblea, no en dinámicas motivacionales huecas. Así se fortalece el grupo desde lo material.
La intervención comunitaria adleriana va más allá de eso. Se trabaja la lógica del aporte con cada uno, se acompaña y visibiliza la relación entre los socios de la cooperativa de trabajo y sus familias haciéndolas parte consciente del metabolismo común, se articula la relación entre la comunidad de trabajo y la comunidad mayor, etc.
Favoritos
Me parece clave que no se quede en algo solemne. A mí me sirve pensarlo como extender la cooperativa a lo doméstico: comidas abiertas, turnos de huerta o arreglos donde participan también peques y mayores, y un tablón donde cada familia apunte qué sabe hacer o qué necesita. Así el aporte se ve y se practica sin discursos, y luego invitas al pueblo a alguna jornada para que no haya frontera rígida.