En la blogsfera (2001-2008) todo era *diálogo e interacción* entre blogs: largas citas, críticas, artículos cruzados, recomendaciones... con los que hacías migas se formaba comunidad. Aún conservo amigos de entonces por aquí como @litox@tuiter.rocks, @aldobelus@social.politicaconciencia.org, @ddharo@mastodon.social, @birasuegi@mastodon.eus o @teketen@mastodon.eus

Entonces había ya -periodistas y marketinianos- que querían tener una corte de «seguidores» que se lanzaron a incorporar software para comentarios al final de los artículos. Eso ya no era interacción sino *participación*, se establecía una jerarquía escritor/comentarista. A los que nos resistimos nos llamaron cínicamente «elitistas», cuando lo que defendíamos era que todo el mundo estuviera en pie de igualdad. Eran los mismos que sacaban «rankings» cada dos por tres de bloggers porque su objetivo era, obviamente, colocarse en algún medio.

A partir de 2007, con twitter, los medios ven el cielo abierto. Compran blogs y crean nuevos dentro de sus cabeceras. Ponen twitter a los periodistas, que firman los artículos con su cuenta de la plataforma. Entre comentarios (que son ya un desastre de troleo generalizado y que los medios se niegan a moderar) y twitter, pueden orillar los blogs y, dejando la mayor a google y facebook, participar de la recentralización reafirmando la jerarquía de voces. La participación se degrada aún más y poco a poco se reduce a *adhesión*, a la «libertad» de decir «me gusta».

En ese mundo de interacciones degradadas orientado a reducir a las personas de emisores/receptores en igualdad a receptores pasivos que pueden aplaudir o gritar en jaulas, que es el de la Big Tech y la prensa, se incubarán los modos, maneras y mensajes del nuevo «populismo».

Luego vendrán los algoritmos confrontativos y las burbujas informativas. Y finalmente, la alianza entre Big Tech y medios dejará un campo arrasado, entre cuyas ruinas andamos intentando construir algo de la web distribuida, que ya no será lo mismo ni podrá partir del lugar al que había llegado la blogsfera. Pero que merece la pena.

Imagen adjunta: Pirámide del compromiso con cinco escalones. De abajo a arriba: conocimiento de marca, adhesión, participación, interacción, identidad/comunidad.

Favoritos
Impulsos

@david cada vez que veo un activista en Instagram, YouTube, etc. me viene a la mente el capítulo de "15 millones de méritos" de Black Mirror. Parecía ciencia ficción, pero era el presente y ya estamos metidos hasta el cuello en esta forma de funcionar.

De que el marketing pervirtió la pirámide de compromiso y la convirtió en el embudo de ventas, poco se escribe sobre esto.

El fediverso es el trampolín para reconstruir la web distribuida, estoy seguro.

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Es que a partir de ahí todo es, barbaridad tras barbaridad, una distopía marketiniana. En la cima la idea de «marca personal»: precarización, cosificación y vaciamiento total de la persona que se convierte en un anuncio a tiempo completo de sí mismo... sólo que no queda ya nada -no puede quedar cuando vives en un escaparate- de «sí mismo». Puro Black Mirror existencial.
Y si tratan de hacer de su «marca personal» una herramienta de activismo, peor. Por un lado refuerzan la pasividad general con el individualismo latente en la idea misma de «activista» que ha surgido de twitter y que es una especie de vedette moralizante cuyos éxitos se miden en gestos de desdén; por otro alimentan la fantasía de la sociedad del espectáculo, en la que toda la atención/(in)acción se concentra en la representación digital de las cosas, dejando en paz las cosas en sí.