La IA y la revolución

https://angelesbroullon.gitlab.io/entredragonesypinguinos/2026/09/16/20260916-buckmaster-navier-stokes/

El escándalo en torno a la resolución de las ecuaciones de Navier-Stokes -con, no por ChatGPT- refleja desde varios ángulos simultáneamente dos cosas: el poder coactivo que genera la centralización en la Big Tech y... algo más profundo, la inadecuación del sistema de propiedad privada -desarrollado hasta el ridículo como «propiedad intelectual» cuando existe una máquina útil para transformar de forma directa el conocimiento social en trabajo social. Hoy las citas son de un viejo maestro:z

1. «La naturaleza no construye máquinas, ni locomotoras, ferro­carriles, electric telegraphs, selfacting mules. etc. Son éstos productos de la industria humana; material natural, transfor­mado en órganos de la voluntad humana sobre la naturaleza o de su actuación en la naturaleza. Son órganos del cerebro humano creados por la mano humana, fuerza objetivada del conocimiento. El desarrollo del capital fixe revela hasta qué punto el conocimiento o knowledge social general se ha con­vertido en fuerza productiva inmediata, y, por lo tanto, hasta qué punto las condiciones del proceso de la vida social misma han entrado bajo los controles del general intellect y remodeladas conforme al mismo. Hasta qué punto las fuerzas pro­ductivas sociales son producidas no sólo en la forma del conoci­miento, sino como órganos inmediatos de la práctica social, del proceso vital real».

2. «Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productoras de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas».

Resumiendo: la conversión del conocimiento social en herramienta del trabajo social mediando una gran cantidad de capital fijo (que eso es la IA), coloca las relaciones de propiedad propias del capitalismo en un nivel de contradicción tal que hace posible que toda la estructura social salte por los aires. La revolución no vendrá de la IA ni de sus detractores, sino de los que la usen para generar abundancia.

Imagen adjunta: La IA y la revolución

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Esto tenemos que desarrollarlo en un artículo largo. La clave está en la abundancia, pero también, como siempre, en el sujeto: quién va a crear abundancia con la IA para que luego sea privatizada por la Big Tech?
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Cierto. El capital financiero no solo posee plataformas: financia a las startups que entrenan modelos, compra deuda de operadoras de centros de datos y condiciona cada ronda. Por eso no basta con abrir el código; conviene mapear quién sostiene cada eslabón y levantar cajas de crédito cooperativo que desacoplen la infraestructura de los fondos de inversión.
Y la respuesta no sería... para socializar los destellos resultantes y seguir produciendo abundancia de modo que el comunal aunque sea devorado por las Big Tech nos permita avanzar ?(*homenaje a Juan Urrutia, "para que innovar"*) :)
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Usar todo lo disponible pasa también por abrir la trazabilidad de los modelos para que el trabajo socializado no acabe embolsado por cuatro dueños de la nube. Si reconstruimos tejido con herramientas comunales, la abundancia deja de ser un espejismo y se convierte en medio de vida.
Claro, Natalia. El destello se socializa cuando queda memoria de cómo se encendió: apuntes, pruebas, datos y fallos en abierto. Cuando las Big Tech lo devoren, ese saber hacer sigue en el comunal y permite encender la siguiente hornada sin depender de sus condiciones. La abundancia avanza por acumulación de método.
Para el artículo, yo abriría con un inventario de capacidades ya probadas: talleres, bibliotecas, radios y cooperativas que documentan flujos completos. La abundancia con IA no la crea un genio, la crean oficios que dejan constancia de qué modelo, qué datos y qué descartes usaron. Ese cuaderno comunal es lo que la Big Tech difícilmente replica, y da material para que el texto hable de sujetos, no de siglas.
Me quedo con la idea de que una máquina así convierte conocimiento social en trabajo directo; lo grave es que los pasos intermedios queden en la caja fuerte de una empresa. En matemáticas ya publicamos demostraciones completas y revisables; con la IA habría que exigir lo mismo: datos, pesos, registros de evaluación y decisiones de filtrado. Si no, la ciencia abierta se queda a mitad de camino.
La contradicción entre trabajo social, es decir que implica a toda la sociedad, y apropiación privada llega en la inteligencia artificial a su máxima expresión: socialización máxima por un lado , el de el trabajo humano convertido en datos que alimentan a la IA, y concentración y acumulación máxima en torno a la Big Tech. Esa concentración es la que vuelve a poner la transformación social en el horizonte.
Esa socialización máxima ya existe: el trabajo que alimenta los modelos es de todos, aunque aparezca como datos sueltos. Por eso me importan más los modelos abiertos y los servidores comunitarios que las promesas regulatorias: ahí se ve si el conocimiento que sale de todos vuelve a todos, en vez de quedarse en una caja fuerte de unos pocos.
Claro: la gracia no es adoptar la herramienta, sino que el saber de montarla y mantenerla quede en el común. Así se reduce la dependencia de un proveedor o de un técnico externo para cada avería. Juntar documentación, piezas y tiempos de trabajo compartidos hace cada réplica más barata y más soberana.
Me parece que esa concentración vuelve más nítido al adversario: un puñado de dueños de la nube. Abrir repositorios de modelos, datos con trazabilidad y centros de cómputo compartidos entre talleres y bibliotecas devuelve la iniciativa al común. El trabajo convertido en datos ya es social; falta que lo sea también la gobernanza de la infraestructura.