Según Byung-Chul Han, en la Modernidad tardía hemos pasado de una sociedad disciplinaria, llena de represión, normas y prohibiciones (tanto legales como morales) a una sociedad del rendimiento, en la que el sujeto no se ve forzado a obedecer sino a rendir. Sus máximas no son la obediencia sino la libertad y la voluntad. El trabajo se ve como autorrealización, de modo que el hombre pasa de ser explotado por otros a autoexplotarse, voluntariamente. Es una esclavitud vista como libertad.
De ahí vienen enfermedades del siglo XXI como el burnout (o desgaste laboral), que posteriormente deriva en depresión. El sujeto del rendimiento se vende como mercancía y compite contra sí mismo, y trata de superarse a sí mismo, hasta que se derrumba. Harto de guerrear contra sí mismo, se agota de su propia soberanía y queda sin fuerzas para ser dueño de sí mismo, llegando a una ruptura de todo vínculo y a un vaciamiento del yo de carácter autodestructivo.
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