Ceuta y el cambio de época global

https://www.elconfidencial.com/espana/2026-09-03/encuesta-pp-crisis-ceuta-policia-vivas-sanchez_4416266/

«La experiencia estadounidense subraya el aspecto central: los partidos socialdemócratas pierden peso electoral porque hay una división significativa entre el programa de sus élites, sus instituciones, expertos, políticos, oenegés e incluso sindicatos y los posibles votantes: las prioridades que perciben las capas superiores no coinciden con las que demandan sus simpatizantes. La desintermediación no solo consiste en que los ciudadanos se alejen de la política y descrean de sus medios de representación y de defensa de sus intereses, sino en que existe una distancia importante entre lo que necesitan y lo que se les ofrece.

La época se ha decantado hacia el poder y los partidos socialistas y de izquierdas no terminan de asimilarlo. En lugar de buscar cómo operar en un contexto que les podría ser favorable precisamente porque las transformaciones que están sucediéndose en cuanto a nivel de vida, diferencias entre proyectos de futuro dependiendo de la clase social y desenganches territoriales les podrían proporcionar una palanca significativa para recuperar impulso, siguen anclados en el mundo del pasado, el de la moral, la cooperación y de la solidaridad».

En ese marco Ceuta «No es una cuestión que interpele a posiciones ideológicas, sino que señala lecciones de primero de política. Es fácil adivinar el ganador de la pelea política entre quienes señalan que hay que ayudar a los nuestros y quienes subrayan que hay que ayudar a los foráneos».

Imagen adjunta: Ceuta y el cambio de época global

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En el discurso de poder se cambian supuestos principios por fuerza. Pero dejar desnudo el conflicto de intereses tanto en el plano global como en el social significa también abrir la puerta a la afirmación y reconocimiento de las contradicciones imperialistas y de clase. Bien mirado puede ser el paso a una época en la que se constituya el antagonista sistémico. Pero para eso hace falta crear tejido desde abajo al mejor estilo de un Bebel o un Wilhem Liebknecht.
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Añado una idea: ese tejido no se improvisa en plena crisis; se va construyendo en lo pequeño y concreto, como hacían Bebel y Liebknecht: cajas de resistencia, prensa obrera, cooperativas, escuelas. Hoy toca trasladarlo a cooperativas de trabajo, bibliotecas, redes de apoyo mutuo y herramientas propias. Así la contradicción desnuda no se queda en diagnóstico: se vuelve fuerza porque hay estructuras que sostienen la lucha y la vida cotidiana sin depender del capital.
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La lección que saco es práctica: si la distancia entre élites y votantes es tan grande, no vale esperar a que los partidos la acorten. Prefiero construir mediaciones materiales que hagan visibles las necesidades: cooperativas de vivienda, talleres, huertas, redes vecinales de apoyo. Cuando algo funciona a pequeña escala, obliga a la política a hablar de lo concreto y no de moral.
De acuerdo con todo salvo cuando dices «y no de moral». La moral es lo que expresa de forma concreta el horizonte político real de cada cual. El discurso de valores dominante desde los 90, el del neoliberalismo económico, el orden internacional gobernado por reglas, etc. era un discurso que vestía a los intereses dominantes y en ese sentido no era tanto moral como ideología, ideología que encubría cínicamente una cierta correlación de fuerzas favorable a EEUU globalmente y al capital financiero y la precarización en cada país. De hecho, tan pronto como las supuestas reglas del orden internacional dejaron de beneficiar a EEUU, fue el primer país en abandonarlas.

Para profundizar sobre el significado de la moral y su relación con los horizontes políticos de cada época o comunidad, lee los artículos enlazados en https://maximalismo.blog/categoria/moral
En las cooperativas lo veo parecido: la moral no es un discurso, son las normas concretas de reparto, turnos o admisión. Si no se discuten, se cuela la ideología dominante sin darnos cuenta. Por eso me interesa tanto el reglamento interno como el proyecto político.
No. La moral es el futuro en el que creemos operando en el presente. Porque creo y lucho por el futuro X, actúo y me comporto del modo en el que serán las cosas en el futuro X. Si alguien dice que cree en un futuro de abundancia y su forma de comportarse, su táctica, sus estrategias dicen lo contrario (militarismo, autoritarismo, etc.) lo que pasa es sencillamente que está haciendo ideología o mintiendo y el futuro en el que realmente cree es militarismo, autoritarismo etc. para los demás y abundancia para él.
Me lo llevo al terreno de lo pequeño: en una cooperativa se nota enseguida si el futuro que dices creer se refleja en los turnos, en quién decide o en cómo se reparte. Si hablas de autonomía pero la estructura es jerárquica, la gente lo huele y se va. Por eso me gusta mirar las prácticas, no los manifiestos.
En la nuestra lo que más nos obliga es la transparencia en el reparto y la rotación de tareas: si no rota, el poder se esconde en lo operativo. También ayuda que las decisiones de gasto se voten en asamblea. Lo de los manifiestos, sin práctica, no aguanta ni una temporada de pedidos.
En mi idea de cooperativa de software libre me preocupa lo mismo: si solo una persona administra el servidor o mantiene el código, acaba decidiendo de facto sin pasar por asamblea. Lo veo como rotar también las tareas técnicas menos visibles, como documentar o revisar incidencias. ¿Cómo lo resolvéis cuando una tarea exige mucha especialización?
En la cooperativa lo encaramos separando decisión de ejecución técnica. La asamblea marca criterios y plazos; quien administra documenta todo y rota con alguien que aprende a la par. Si hay mucha especialización, se pide formación interna y se comparte la llave de la infraestructura, no como privilegio sino como servicio. La especialización no justifica la propiedad: si solo una persona sabe, es un riesgo y tarea pendiente de socializar. Así lo técnico no se vuelve poder.
Así lo vivo en la cooperativa: no podemos decir que apostamos por una sociedad sin clases y luego funcionar con capataces, opacidad o silencio. La asamblea, el reparto claro de tareas, el conflicto hablado cara a cara son ya esa moral futura operando. Si el presente no la ensaya, la abundancia se queda en cartel. Y eso se nota en lo pequeño: un taller sin autoritarismo es un anticipo real, no un eslogan.
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Totalmente. Yo lo veo en la práctica: cuando una asamblea decide a mano alzada, con debate abierto, no solo organiza la lucha; está ensayando ya la moral de una sociedad sin jefes ni mercancías. No es predicar valores, es construir relaciones donde el futuro se toca. Por eso importa que las formas de cooperación no contradigan el horizonte: si la forma es autoritaria, la moral es del capital aunque el discurso sea rojo.
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Ese marco de “ayudar a los nuestros” es una trampa: en cuanto lo aceptas, vuelves a dividir a la clase por territorio o papeleo. En la cooperativa no tenemos votantes que retener; si alguien llega y aporta trabajo, es de los nuestros. La desintermediación no se arregla mediando mejor, sino abriendo espacios donde se decida a mano alzada y se reparta trabajo sin carné. Así se desmonta el chantaje.